Para lucir un cuerpo perfecto…



¿Qué hay que hacer para lucir un cuerpo perfecto?

Lo primero, sería definir qué es un cuerpo perfecto. Dependiendo de las modas, este concepto varía y hemos pasado a lo largo de la historia desde las pieles completamente blancas hasta los bronceados y desde cuerpos rollizos hasta la delgadez casi extrema.

De forma menos generalizada, los gustos también influyen, introduciendo el factor subjetivo en la búsqueda del cuerpo perfecto. Pero este criterio lo solemos aplicar cuando valoramos a los otros y no a nosotros mismos.

Elle Macpherson, "El cuerpo" en los 80, los 90, y más...

Elle Macpherson, bautizada como “El cuerpo”.

Afortunadamente, las últimas tendencias apuntan a que el cuerpo perfecto es una equilibrada mezcla entre un cuerpo saludable, tonificado y bien proporcionado, con un tono de piel indicativo de una suficiente exposición solar, para producir vitamina D previniendo el envejecimiento.

Otro punto a favor de los tiempos que corren es que ya no se llevan ni rubias ni morenas, y que el estilo va marcado por el realzamiento de la belleza natural de las personas.

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Por supuesto, yo estoy a favor, una vez más de esto último y creo que cada uno debemos “personalizar” nuestro estilo para potenciarnos, en todos los sentidos. Desde esta perspectiva todo se simplifica porque el primer paso para conseguir el ansiado milagro del cuerpo perfecto, es aceptar lo que la naturaleza dictó en su momento: la genética manda. Hay bebés que son más redondos (rollizos) y otros más finitos (delgados), y eso es genética y metabolismo. Los hábitos de los primeros años de vida también desempeñan un gran papel porque dependemos de lo que comemos y cómo lo comemos dentro del “nido”, de forma que nuestros adipocitos se hipertrofian o se mantienen en equilibrio dependiendo también de esto. Y os aseguro que la memoria celular es una de las cosas más difíciles de borrar.

El segundo gran paso es adaptarse a lo que las circunstancias dictan y, no son iguales las de Nicole Kidman que las mías… Los cuidados que me dedico (y el tipo de “minos” que escojo) varían en función de los minutos y de los euros de los que dispongo. Seguramente yo podría lucir un rubio platino despampanante y unos ojos azules, a juego, magnéticos, pero necesitaría largas sesiones de peluquería y lentillas de alta calidad que no delatasen el “postizo” del asunto.

Para terminar con la materialización de la sublime aspiración al título del “El cuerpo”, queda aplicar grandes dosis de sentido común. En realidad, el gran secreto de la belleza, en mi opinión, es la suma de estas dos variables: aceptación + sentido común. Éste último permite ejecutar de forma equilibrada, y encontrar la fórmula de hábitos saludables, adaptada a cada uno, que por supuesto incluyen buena forma física, alimentación sana y descanso adecuado.

Vamos a dedicar algo de tiempo a la alimentación sana, ya que hemos hablado de las bases fundamentales de los cuidados externos (porque la piel y sus derivados -cabello y uñas-, es lo primero que se ve), del ejercicio físico (cardio y actividades de transición) y del trabajo mental (actitud, motivación y equilibrio mental).

Belleza personalizada...

Belleza personalizada…

Y si esperáis que hablemos de calorías, cambiad de blog. Existen pautas muy sencillas, pero sobre todo razonables, para alcanzar NUESTRO CUERPO PERFECTO.

Como siempre, para conseguir los mejores resultados, es necesario conocer unas nociones básicas sobre la nutriciónSentimos hambre porque nuestro organismo detecta falta de nutrientes. Lo malo es que el cuerpo no avisa de qué tiene hambre: de vitaminas, de minerales, oligoelementos, proteínas o azúcares…. Y entonces, pasamos por la cocina y nos apretamos un buen montado de chorizo de cantimpalo con patatas fritas o una pieza de bollería industrial tamaño baño. Y nos quedamos tan a gusto… un rato, porque inexplicablemente a la hora, volvemos a sentir hambre (que es lo más lógico del mundo, porque no le hemos dado al cuerpo lo que estaba pidiendo!).

Entonces, empieza la tortura, literalmente. Nos torturamos bien, por ceder ante la apetencia y no tener fuerza de voluntad, bien por luchar contra nuestras sensaciones y pasar hambre. Y creedme que no es necesario… siempre y cuando generemos unos hábitos saludables y equilibrados. Se puede comer de todo y no pasar hambre, pero es el sentido común el que debe imponer el menú.

Preparadas para dejar de sufrir para siempre?? No os perdáis el próximo post!



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