La base de una perfecta relación contigo mismo



Hace un tiempo que no dedicaba un rato a escribir. He perdido mi móvil y estoy en estado de “vacaciones tecnológicas”, por decirlo de alguna manera.

Hoy por fin he abierto el portátil y he contestado algunos comentarios que habéis hecho y he encontrado unas reflexiones que, al fin y al cabo, son la base de este blog. Os dejo el enlace para que podáis leerlo… EL DÍA QUE DECIDES CONQUISTARTE.

En las redes nos encontramos un montón de frases bonitas y de metas etéreas sobre que debemos ser felices, equilibrar nuestra vida, vivir sin estrés… Y está claro que TOD@S queremos alcanzar esos “estados”, materializarlos en nuestra vida.

Actualmente tenemos acceso a mucha información y al final terminamos haciendo largas listas sobre un montón de cosas que TENEMOS QUE hacer, que por lo general se limitan a lo físico: dormir de 7 a 9 horas, comer sano (no entro en detalles de todo lo que deberíamos comer a diario porque no terminaría el post!) y hacer ejercicio todos los días, como poco.

Sin embargo, ya está demostrado que la actitud mental es un pilar que no se puede obviar, y meditar, leer y ejercitar la mente y aprender a focalizarse en pensamientos positivos, entran a formar parte de la DIETA MENTAL para descansar, nutrir y educarnos psicológicamente para ser personas felices y que gestionan el estrés de sus vidas.

El último campo que, afortunadamente, estamos empezando a vivir como cotidiano en todo este océano de información es lo relativo a lo EMOCIONAL. En mi experiencia, este es el escenario de la vida en el que, por lo general, vamos todos más “a la deriva” desde pequeños. No entra dentro del temario del cole “cómo tener relaciones que nos hagan felices” y parece que depende en su mayor parte de lo que aprendemos en el ambiente familiar.

En mi caso particular, yo me hice mayor cuando dejé de sentirme una víctima y tomé un papel activo y responsable en mi vida.

Como expone Pablo Arribas en su post, dejé de echarle la culpa a mis padres, a las situaciones familiares, a la forma de ser de mis amigos que me hería, al tiempo, a la iglesia, a los políticos y a la telebasura.

Tuve que aprender a “ralentizar” mi cabeza y mis pensamientos, para dejarme espacio para preguntarme “Qué es lo que quiero” y “Cómo voy a hacerlo”. Tuve que aprender a fijarme en cómo me sentía para distinguir lo que realmente era importante par mí y lo que me hacía sentir bien conmigo misma.

Y con todo lo que he ido compartiendo en este blog fui incorporando a mi vida buenos hábitos (no largas listas de tareas ni obligaciones) y me cuido, me mimo y me quiero todo lo que puedo, adaptando mi agenda para tener lo suficiente de esas cosas que me hacen sentir que tengo una vida plena: trabajo en lo que me gusta, si paso una mala noche, procuro descansar echándome un rato la siesta, si estoy estresada, busco ratos para “liberarme” haciendo ejercicio o cuidando mis plantas o simplemente haciendo la respiración abdominal 5 minutos, paso tiempo de calidad con mi familia y amigos y siempre mantengo activada mi parte emocional, que tanta importancia tiene en mi vida, conociendo a gente nueva a través de planes que me estimulan y no por internet.

Hoy por hoy, todos acusamos la falta de tiempo y el ritmo trepidante de nuestras vidas, así que os invito a que paréis, penséis y os organicéis la “agenda vital”!

Cuidaos.

 

 



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